San Sixto III(Papa y Confesor)- 28 de Marzo

San Sixto, papa tercero de este nombre, fue romano. Nació fines del siglo IV. El celo con que combatió las herejías de su tiempo, aun cuando no era más que presbítero, y la honra de ser elevado al sacerdocio en un tiempo en que solamente se ascendía a esta alta dignidad por los méritos de una notoria virtud, acreditan la que ya tenía cuando joven, y los progresos que había hecho en la ciencia de los santos.
No solamente anatematizó el pelagianismo en presencia de todo el pueblo, sino que refutó sólidamente en sus epístolas los dogmas de aquellos herejes, y, con el terror de las leyes imperiales que solicitó, estrechó a muchos de ellos á abjurar sus errores.
No podemos explicaros, le dice en la primera, el gozo que nos ha causado vuestra carta. No contento con leer la que escribisteis al santo obispo Aurelio, hice sacar muchas copias de ella, para que, extendidas por el público, fuesen notorios á todos vuestros piadosos dictámenes sobre los perniciosos dogmas que tiran á aniquilar la divina gracia que concede Dios á los grandes y á los pequeños. En la segunda carta de San Agustín da la enhorabuena á San Sixto de haber sido el primero que condenó públicamente los errores de Pelagio, cuando todavía no era más que presbítero.
Muerto el papa San Celestino, se creyó que no podía señalársele más digno sucesor que á nuestro Sixto. Y así, fue elevado al pontificado el día 26 de Abril del año 432, con aplauso tan general del clero y pueblo, que apenas había memoria de otro igual. Luego que se vio en la Silla de San Pedro, dedicó todos sus desvelos á extirpar las perniciosas herejías que, no obstante estar todavía como en la cuna, hacían gemir á toda la santa Iglesia.
El año de 430 había sido condenado en Roma por San Celestino el impío heresiarca Nestorio, y el año 431 lo había sido en Efeso por el Concilio general, San Sixto escribió a éste y a San Cirilo cartas de congratulación, exhortándolos a trabajar en la conversión de los herejes, a recibir con caridad a los que de buena fe se redujesen al gremio de la religión, pero á que se mostrasen severos é inexorables con los que perseverasen tercos en sus errores. Es verosímil que, después de esto cartas del Santo Pontífice, obstinándose el infeliz Nestorio en su impiedad, fue sacado de su monasterio y conducido á su destierro, donde murió desgraciadamente, sin señal alguna de arrepentimiento. Dicese que antes de morir se le llenó la lengua de asquerosísimos gusanos, los cuales se la despedazaban, en castigo sin duda de las blasfemias que había vomitado contra la Santísima Virgen, á la cual nunca quiso reconocer ni llamar Madre de Dios.
La Iglesia de Rávena le debe la dicha de haber logrado por obispo a San Pedro Crisólogo, cuya virtud conoció nuestro Santo por divina revelación.
No contento con la solicitud pastoral con que atendía á las necesidades de todas las iglesias, y los inmensos afanes que le costaba el desvelo de socorrer á todas, halló fondos para enriquecer con prodigiosa magnificencia y liberalidad á las iglesias de Roma; prueba grande de su dilatado corazón y de su piedad eminente.
Por la tierna devoción que profesaba á la Santísima Virgen, se movió a reparar la antigua basílica de Liberio, que se llamó después Santa María la Mayor.

Él cual, después de haber gobernado con prudencia consumada la Silla de San Pedro cerca de ocho años, edificando a toda la Iglesia con sus heroicas virtudes, con su vasto y fervoroso celo, siendo tan odiado de los herejes como venerado y amado de los católicos, murió en Roma el año 440.

Fue enterrado su santo cuerpo en la catacumba de San Lorenzo, en el camino de Tívoli, y tuvo por sucesor en el pontificado a San León el Grande, que había sido como discípulo suyo.

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