Beato Enrique Susso- 28 de Marzo

Enrique Suso, religioso dominico y escritor místico, es uno de los autores espirituales alemanes más conocidos del S. XIV. Su espiritualidad se caracteriza por su amabilidad y por su claro concepto de que la vida interior es accesible a todas las almas de buena voluntad.

Nació en Suabia, probablemente en Constanza, el 21 de marzo de 1296. El apellido de su padre era von Berg; el de su madre, Seuse; usado este último por el beato. A los pocos años, Enrique -cuyo nombre significa “príncipe de la casa”- ingresó en un convento de padres dominicos. Por una de sus obras, titulada Horologium sapientiae, sabemos que al cumplir los dieciocho años sufrió un cambio repentino: se llenó de un fervor que hasta entonces no había conocido. En la mencionada obra, Suso refiere las crisis en que se debatió su alma frente al ideal de santidad encarnado en Jesús crucificado.

Los primeros años de religioso no fue muy fervoroso, pero luego un día empezó a oír continuamente este mandato: “Renuncie a todo lo que no lo ayude a conseguir la santidad”. Y se repetía tan frecuentemente este mandato en su mente que se propuso empezar una vida espiritual verdaderamente seria.

El demonio intentó disuadirlo y desanimarlo con consideraciones de prudencia humana, haciéndole ver que esa conversión era demasiado rápida y que no sería capaz de perseverar en el bien. Él se dedicó a pedir a Dios la sabiduría celestial. Y repetía las palabras del libro de la Sabiduría: “Señor, envíame la sabiduría que procede de tu trono. Tú sabes que soy muy joven, sin experiencia y de pocos años. Pero si Tú me mandas la sabiduría podré perseverar”. Y pedía al Espíritu Santo el don de Consejo y la virtud de la prudencia, y así logro perseverar. En adelante durante toda su vida será un admirador constante de la Sabiduría Eterna, y recomendará a sus discípulos el pedir mucho a Dios el don de la sabiduría. Y les repetía las palabras del Libro Santo: “Sabiendo que no tendría la sabiduría si Dios no me la concedía, me dediqué a pedirla en oración, y me fue concedida”.

Su amor a la Virgen María era inmenso y predicaba constantemente su devoción.

Publicó el libro titulado “Sabiduría Eterna”, el cual fue sumamente famoso y muy popular por varios siglos.

Al principio de su conversión, creyó Enrique que debía dedicarse a mortificaciones muy fuertes y así lo hizo. Sus ayunos, vigilias, azotes y demás penitencias llegaron a causar asombro y casi acaban con su vida. Pero según cuenta en su “Autobiografía”, una iluminación del cielo le comunicó que en vez de estas mortificaciones buscadas por él, debía más bien dedicarse a aceptar con buena voluntad los sufrimientos que Dios iba a permitir que le llegaran. Y fue entonces cuando empezaron a llegarle penas tremendas.

En 1320 se transladó a Colonia, donde enseñaba uno de los más grandes místicos: el maestro Eckhart. Desde el comienzo quedó sujeto a sus enseñanzas, convirtiéndose en uno de los mejores discípulos y manteniéndose fiel a él toda su vida. Por tal motivo, desde 1327 Enrique Suso fue víctima de la persecución; se le instruyó proceso, condenándoselo, y perdió así el cargo de lector que desempeñaba en Constanza. Entonces se convirtió en predicador, recorriendo pueblos de Alsacia, del valle del Rin y de Suiza. Al mismo tiempo ejerció como director espiritual de algunos conventos de monjas pertenecientes a la orden.

La desgracia siguió cerniéndose sobre él. Los últimos treinta años de su vida fueron los más desdichados. Víctima de calumnias, perdió la estimación de sus compañeros, lo cual le trajo gran tristeza y desconsuelo. Pero su santidad hizo que lo aceptara todo con resignación.

Enrique Suso murió en el año 1366 en la ciudad de Ulm. Fue un alma mística. Influido por Eckhart, su escritos, sobre todo el libro de la Verdad y de la Sabiduría eterna, con meditaciones sobre agonía de Cristo en la cruz y el dolor de su madre, han ejercido una influencia doctrinal muy grande, especialmente a partir de 1555, a raíz de la edición de sus obras por Surio, notable hagiógrafo y monje cartujo.

Deja un comentario